La guerra en Irán es un enfrentamiento desigual. Pese a que la República Islámica es una potencia regional, sus grandes números en cuanto a territorio, recursos naturales y demografía no se corresponden con su capacidad militar y tecnológica, que está por debajo de la israelí y muy por debajo de la de Estados Unidos, primera potencia militar mundial. Washington, que ya disponía de una red de bases militares en la zona, ha movilizado su mayor despliegue en Oriente Medio en décadas.
Irán cuenta, sin embargo, con la baza de su arsenal de drones y misiles, el mismo que EE.UU. pretendía eliminar, y que es la base de su autodefensa. No se sabe cuántos proyectiles tiene, pero sí que los drones son más baratos que sus interceptores, y que los misiles pueden sobrepasar las defensas antiaéreas, incluso el escudo israelí, y alcanzar sus objetivos. De esa manera, Irán podría resistir lo suficiente para aumentar el coste del contrario, en una lucha que para Teherán es existencial.
El mayor despliegue de EE.UU. desde Irak
«El depliegue de EE.UU. es el mayor en décadas, desde luego. No ha habido un despliegue como este desde la Guerra del Golfo», explica a RTVE Noticias el analista de asuntos de defensa Juanjo Fernández.
Dos portaaviones, cada uno de los cuales embarca 90 aparatos entre aviones y helicópteros, encabezan el operativo. El portaaviones Abraham Lincoln está en el mar Arábigo, con 5.700 efectivos y un grupo de tres destructores. El Gerald Ford fondea en el Mediterráneo oriental con otros tres destructores y más de 5.000 efectivos. En total hay unos 16 buques de superficie implicados, según varias fuentes, como Associated Press, más un número no conocido de submarinos.
La capacidad aérea está formada por más de 100 cazas (modelos F-35, F-22, F-15 y F-16), junto con un centenar de aviones cisterna y 200 de carga. El Departamento de Defensa de EE.UU. asegura haber desplazado a la zona bombarderos B-2, B-52 y B-1 que arrojan bombas guiadas (algunas de casi una tonelada), y drones Predator.
Además, ya antes de los ataques del pasado junio EE.UU. había desplegado sistemas de defensa antiaérea Patriot.
A eso hay que sumar la extensa red de bases militares de EE.UU. en Oriente Medio, que se han convertido en objetivo de las represalias iraníes.
Baréin es la sede de la Quinta Flota, cuya zona de cobertura incluye el Golfo Pérsico, el mar Rojo, el mar Arábigo y partes del Índico. En Catar se encuentra la base de Al Udeid, la mayor de Oriente Medio, con 10.000 soldados. En Kuwait hay varias instalaciones, como Camp Arifjan, la base de Ali Al Salem y Camp Buehring. Emiratos alberga la base aérea de Al Dhafra, al sur de Abu Dabi y el puerto de Yabal Ali, en Dubái, funciona como puerto de escala.
En Arabia Saudí había en 2024 más de 2.300 soldados estadounidenses, algunos de ellos en la base Príncipe Sultán, a 60 kilómetros de Riad.
En Jordania, EE.UU. dispone de la base de Muwaffaq al Salti. La base aérea de Thumrait, en Omán, también es usada frecuentemente por aviones estadounidenses, aunque previa autorización del Gobierno omaní. En Irak se encuentran las bases aéreas de Ain Al Asad, en la provincia de Anbar, y en la de Erbil, en el Kurdistán iraquí. Y en Siria, EE.UU. tiene al menos puestos avanzados en varias localizaciones, incluyendo la base de Tanf.
Además, EE.UU. tiene presencia en Egipto y Yibuti, y por supuesto en países de la OTAN cercanos al escenario de la guerra, como Grecia y Turquía.
Superior capacidad y defensa israelí
Israel es el segundo poder regional en Oriente Medio, por detrás de Turquía y por delante de Irán, según el ranking que elabora la web GlobalFirepower. Nunca hay que olvidar, además, que Israel dispone de armas nucleares.
La guerra en Irán es un enfrentamiento desigual. Pese a que la República Islámica es una potencia regional, sus grandes números en cuanto a territorio, recursos naturales y demografía no se corresponden con su capacidad militar y tecnológica, que está por debajo de la israelí y muy por debajo de la de Estados Unidos, primera potencia militar mundial. Washington, que ya disponía de una red de bases militares en la zona, ha movilizado su mayor despliegue en Oriente Medio en décadas.
Irán cuenta, sin embargo, con la baza de su arsenal de drones y misiles, el mismo que EE.UU. pretendía eliminar, y que es la base de su autodefensa. No se sabe cuántos proyectiles tiene, pero sí que los drones son más baratos que sus interceptores, y que los misiles pueden sobrepasar las defensas antiaéreas, incluso el escudo israelí, y alcanzar sus objetivos. De esa manera, Irán podría resistir lo suficiente para aumentar el coste del contrario, en una lucha que para Teherán es existencial.
Dominio naval y superioridad aérea
Con estas capacidades, EE.UU. e Irán disfrutan prácticamente desde el primer día del dominio naval y de superioridad aérea.
«El dominio naval ahora mismo no consiste en enfrentar tus buques con los del enemigo, sino en ser capaz de destruirlos casi antes de que salgan del puerto, que es lo que está haciendo EE.UU. Está dejando a Irán sin fuerza naval«, explica Juanjo Fernández.
Otra cosa es que con ese dominio EE.UU pudiera reabrir el estrecho de Ormuz al tráfico de petroleros. «Siempre existe el riesgo de que un misil o un dron iraní dañe el tráfico mercante», apunta el analista.
La baza iraní: el desgaste de las defensas antiaéreas
Irán ataca con enjambres de drones que saturan las defensas antiaéreas y abren una grieta por la que pueden penetrar los misiles. El radio de alcance de estos misiles iraníes parte de los 300 kilómetros y llega a los 2.500 kilómetros. Los de mayor alcance son el Shahab-3 (1.300 kilómetros), el Emad (1.700 km), el Jorramshahr (2.000 km), el Ghadr (2.000 km) y el Sejjil (hasta 2.500 kilómetros). Además, posee un misil hipersónico, el Fattah.
Alcance de los misiles de crucero y balísticos de Irán
InfografíaRTVEFuente: CSIS
No se sabe cuántos misiles posee Irán, sólo que muchos se guardan en «ciudades de misiles» enterradas bajo tierra o bajo montañas, donde se construyen, almacenan e incluso se lanzan.
Así son los misiles que está lanzando Irán como parte de su operación «Promesa Verdadera 4»
En cuanto a los drones, Irán es una verdadera potencia: se supone que tiene a su disposición decenas de miles. Existen distintos modelos: el Gaza puede transportar más carga explosiva, mientras que el Shahed, más ligero, puede recorrer 2.500 kilómetros.
Según el Departamento de Defensa de Estados Unidos, hasta el 4 de marzo Irán había disparado más de 500 misiles balísticos y más de 2.000 drones. Después de esa fecha, según la misma fuente, el número de lanzamientos ha descendido.
El problema para Israel y los aliados de EE.UU. en la región es que el coste de interceptar los drones es muy alto. EE.UU. usa aviones o sistemas de defensa antiaérea como los NASAM, pero esos sistemas son 10-15 veces más caros que el dron iraní.
Así que llegamos a lo que Grieco llama una «carrera» o «guerra de desgaste» entre drones e interceptores, en la que Washington y Tel Aviv tratan de encontrar y destruir lo antes posibles las lanzaderas de misiles y drones iraníes, porque «si Irán es capaz de alargar esto y seguir lanzando miles de drones, va a agotar muy rápido las defensas antiaéreas y antimisiles de EE.UU. e Israel, y particularmente de los estados del Golfo». «EE.UU. tiene un gran arsenal y mucha munición y sistemas militares, incluso un montón de interceptores, pero no tiene los suficientes para este tipo de intercambio«, añade la investigadora del Stimson Center.
«Irán tiene un dilema ahora mismo – expone por su parte Juanjo Fernández- : o echa el resto, vacía sus arsenales, lanza los misiles que le queden para seguir haciendo ataques de saturación y que alguno pase las defenas antiaéreas; o baja el ritmo, pero mantiene la amenaza. Con eso conseguiría mantener el estado de alerta y podría modular el consumo de armas y mantener una reserva por si las circunstancias de la guerra cambian».
Para Israel y EE.UU, además, una guerra larga implica también aumentar el coste económico. Según el Center for Strategic and Internacional Studies (CSIS), con sede en Washington, EE.UU. gastó al menos 3.700 millones de dólares (casi 3.200 millones de euros) en las primeras 100 horas de la operación Furia Épica, casi 900 millones de dólares al día.
Milicias aliadas pero debilitadas
Otra de las bazas que tradicionalmente ha jugado Irán para proyectar su poder en la región ha sido su red de milicias aliadas o proxies. Sin embargo, esta vez están muy debilitadas por los ataques de Israel desde el 7 de octubre de 2023.
Hizbulá entró en la guerra el pasado 2 de marzo lanzando algunos cohetes contra el norte de Israel. La apertura de este segundo frente no parece haber supuesto ningún problema para Tel Aviv; es más, lo está aprovechando para afianzar su control sobre el sur del Líbano.
Hamás y Yihad Islámica, aliados de Irán en los territorios palestinos ocupados, están prácticamente inermes. Kataib Hizbulá y otras milicias en Irak han sido atacadas y al menos una docena de militanes han muerto. De momento no han tomado parte en el conflicto.
Una gran incógnita es por qué otro aliado de Teherán, los hutíes de Yemen, tampoco ha participado de momento. Aunque disponen de misiles capaces de alcanzar Israel, ya sufrieron ataques de EE.UU. e Israel el pasado año y hoy son blanco fácil.
No habrá cambio de régimen sin fuerzas terrestres
Los analistas no dudan de que EE.UU. e Israel pueden destruir Irán desde el aire. Pero otra cosa son los objetivos políticos, que en el caso de Trump no están claros.
Si se trata de un cambio de régimen, eso no podrá conseguirse sin fuerzas terrestres. La alternativa es «levantar una milicia dentro de Irán, como están intentando en el Kurdistán iraní, para usarlos como infantería», explicaba el almirante Rodríguez Garat.
«No hay un precedente histórico en el que sólo el poder aéreo haya provocado un cambio de régimen«, afirma Kelly Grieco. «Necesitas algún grupo sobre el terremo que presione al régimen, con fuerzas terrestres y fuerzas de seguridad, que capturen activamente territorio, y no veo ningún candidato dentro de Irán que haga eso, incluyendo a los kurdos», añade.