Cada vez quedan menos días que tachar. Las luces de St. Jakobshalle, en el corazón de Basilea (Suiza), ultiman ensayos y preparaciones; los artistas deben sentir la brisa helvética en sus rostros y, muy probablemente, el corazón a una velocidad más alta de lo normal. No es de extrañar: el Festival de Eurovisión se encuentra a la vuelta de la esquina.